Disciplina China

viernes, 16 de julio de 2010

MANUSCRITO DE SUMISA


MANUSCRITO DE SUMISA

Toda sumisa de gran belleza interior, toda alma de sumisa está por encima del tiempo que vive y siente porque nunca muere su interior que siempre la acompaña aunque lleve invisible el collar que anhela y suspira en vida antes de entregarse, y esto es una cuestión muy importante: cada sumisa lleva en sí misma los sentidos y los sentimientos de aquello que ansía por dar y complacer, que habitan y son parte de su corazón y sentir. Y es aquí donde el Señor candidato a ser su Amo tiene que conocer mediante esa química a la sumisa y olvidarla como mujer físicamente para adentrarse en ese mundo de su interior que siente, sufre, quiere y padece para que mediante esa simbiosis mágica de D/s el Señor vaya pidiendo lo que la sumisa va complaciendo tanto a su Señor como al interior fervoroso de su espíritu de sumisa y así alcanzar esa fusión entre Amo-sumisa.

El secreto de una sumisa está en saberla llegar con palabras y saberla llenar con sentidos, los mismos que harán renacer y florecer aquello que siente verdaderamente y así satisfacerla y complacerla aunque todo lo esencial para dominarla está en su mente y llegar hasta ella por esos caminos bien es incierto y complejo a base de la palabra y la paciencia.

La sumisa nunca se ha dejado amaestrar en un principio pues a sus veinte años es una edad de dudas, a los treinta de decisiones, a los cuarenta de realidades que se hacen ideas claras a los cincuenta y por lo tanto para cada tiempo de la sumisa hay que investigar, buscar, pensar y descubrir sus secretos a partir de un sentimiento casi místico y casi inalcanzable pues si no se llega a entender ni a comprender a la sumisa y ella muestra fracasos o desprecios rebeldes en su búsqueda esto debe de ser un complemento de motivación aún más intenso para el Señor.

Conozco, sé y existe ese sentimiento de gran injusticia y que roza casi la insensatez de no saber apreciar a la sumisa en su valor como mujer entregada y sometida para complacer a un Señor y ese mismo sentimiento se desvanece en el interior de la sumisa porque muchas son completamente olvidadas por problemas personales, sociales o familiares y por ello son condenadas en la distancia donde esperan náufragas en una isla, simplemente, el gesto amable que las entienda o el tacto delicado de una conversación que las comprenda o, solamente, las letras de estas palabras escritas en un papel y echadas al mar dentro de una botella...

La sumisa no puede vivir sin ser entregada ya que es tan esencial a ella que nace con esa sumisión de quererse dar y complacer en la medida desmedida que el Señor sacie y complemente ese vacío que tiene por dentro la sumisa con el preciso, correcto, técnico y exacto trato en cada momento para que después se entregue ciegamente sin miedos ya que todo el trabajo de saberla llenar y saberla llegar a su corazón estará prácticamente hecho y el sueño de querer estar arrodillada a los pies de su Amo, donde con los ojos vendados queda el silencio alrededor, donde queda esa excitación de la sumisa cuando escuchando los latidos de su corazón y agudizando el oído para oír la respiración de su Amo oliendo al hombre que la observa en su plenitud sumisa cuando la toca y la acaricia siente el roce del látigo en su piel desnuda y el no saber cuándo estallará el chasquido en sus nalgas siendo esto su más ferviente deseo.

Si existe la liberación espiritual de la sumisa en el nirvana, ese estado de paz y quietud elevará el karma de la consciencia de todas las sensaciones que recorren el cuerpo de la sumisa en los campos magnéticos de los chakrás y a la vez dejará su mente que abra la puerta tridimensional que la conduzca a la levitación del subspace.

Si la sumisa no complace no sirve y si no sirve no vale y como tal tiene que ser desechada e invitada a colgar el traje de sumisa y con esto, pues, condenada a divagar eternamente perdida en un mundo de vainilla.

(El “Manuscrito de sumisa” es autógrafo de siete años y biógrafo de 24/7 recopilado en 47 folios aunque no está sacado a la luz y reposa en la biblioteca del Episcopado de la ciudad donde vivo)

{Rey}